LEONARDO MIRANTES RODRIGUEZ

Extraída del libro de Ruth Behar.

LA VIDA DE LEONARDO MIRANTES RODRIGUEZ

Una corta historia de un granjero del Pueblo:

Nació el 6 de Noviembre del año 1906, mi niñez pasó según nos cuenta, como la de todos los niños excepto que siendo yo el mayor de todos los 6 hermanos tenía mucho que hacer, especialmente el cuidar de ellos, por lo que mi niñez no fue nada feliz ya que al tener entre los 9 y 10 años, y todavía no bien desarrollado, ayudaba a mi padre en las labores de la granja, ya que mi madre cuando no estaba embarazada, cuidaba a los más pequeñitos y aún queriéndonos ayudar no lo podía hacer; por la misma razón perdí un montón de días de clase, pero gracias al maestro Don Quintín que nos daba clase de 6 a 8 por las tardes y por otra parte que yo tenía gran pasión por aprender a leer, contar y escribir fue saliendo adelante.
De esta forma pasé mi niñez y por el año 1920 cogí el azadón y fui por los pueblos de la ribera a ganarme la vida, ganando 5 o 6 reales al día y trabajando de sol a sol osea desde la salida del sol hasta la puesta del mismo; esto era en primavera, y en el invierno iba a los montes de Santa María a cortar urces con mi padre para llevar a los panaderos quienes esos días pagarían 1 real por cada haz; en la actualidad valen más de 36 pesetas pero nadie quiere ir a cortarlas
En esos años tuve que trabajar en la carretera que se estaba construyendo de León a Santander, en el tramo de Barrio a La Vecilla ; ahí trabajé 9 horas al día y me pagaron el mayor salario, que fueron 15 reales; otros recibieron menos 13 reales, yo me sentía muy feliz porque al final de la semana llevaba a casa casi 80 reales.
También solía ir a la Montaña a segar la hierba, a 30 kilómetros de aquí; allí nos pagaban 20 reales al día, con comida y bebida incluidas que era lo que más nos preocupaba; esto me sucedió por los años 1920 a 1927, en el año 1927 pensé en emigrar a Madrid en busca de trabajo con la ayuda de algunos parientes y de mi abuela. Es aquí donde empieza la parte más importante. Nunca había dejado el hogar y no sabía lo que era viajar en tren, mi padre me llevó a León y encargó a un primo suyo que me llevara a la estación y me diera instrucciones de cómo llegar a la de Madrid y cómo al llegar a Madrid . Me dijeron que al llegar a Madrid cogiera un taxi que me llevaría a la dirección que yo le diera pero yo no tenía ni idea de lo que era un chofer de un taxi así que no le cogí.
Llevaba unos chorizos en la maleta, que mi abuela mandaba a su pariente e iba yo con tal miedo que no soltaba la maleta de la mano. Llegué a Madrid y salí del tren con la maleta sin soltarla, como dije, no tomé un taxi porque no había viajado en ninguno y pensé que a lo mejor me llevaba a algún lugar desconocido; esto por haberme llenado la cabeza con tantos temores, pero sí tomé una calandria ( Tranvía) porque sentí que sería más seguro y de esta forma llegué a casa de mi jefe, quien lo sería por 26 años.
Aquí mi historia cambia y empieza una nueva vida para mí y que sería muchísimo mejor que la anterior.
En Madrid empecé trabajando como lechero, llevando la leche a las casas; es un trabajo muy duro para el que no sabe que es el verdadero trabajo y cómo trabajar pero para mí era coser y cantar; allí empecé a despertar al estar asociado con gente tan buena, especialmente mi jefe y compañero, quienes siempre me daban buenos consejos Nunca teníamos un día libre, ni siquiera los Domingos pero vivíamos muy tranquilos y en paz; hasta el año 1931 cuando se proclamó la Segunda República, entonces tuvimos más libertad , había menos trabajo.
Tuve una novia y entonces ya no me aburrí, en 1934 me casé con Ramona, la esposa que tengo hasta hoy gracias a Dios. Tuvimos un apartamento por 40 pesetas, y donde pasamos nuestra mejor luna de miel. Ganaba 7 pesetas con 65 céntimos al día y vivíamos muy felices; tuvimos un inquilino para dormir y arreglar su ropa por una peseta al día; pero aquí terminó nuestra felicidad porque el 18 de Julio de 1936 empezó la Guerra Civil Española y para nosotros terminó el trabajo ya que no había más leche que repartir. Después nos llevaron al frente como libres de milicia trabajando, en la Unión General de Trabajadores. Estuve en el frente en Madrid, Casa de Campo, Clínico y Villaverde y durante este tiempo regresaría con permiso para ver a mi esposa, pero en Mayo de 1938 fui al frente en Teruel; ahí lo pasamos mal pero lo bueno es que lo puedo contar ya que a algunos compañeros no los volveré a ver más pues murieron en el frente.
Terminé como prisionero aunque felizmente, porque me trajeron a León, a San Marcos (monasterio) que lo destinaron como campo de concentración, pero en 10 días ya estaba de regreso en la casa de mi padre en Santa María. De mi esposa no sabía nada ya que las dos zonas de rojos y nacionales habían sido cortadas hasta el final de la Guerra. Yo estuve en el Pueblo y ella en Valencia, con una hermana cobrando la pensión que se le dejó a ella como viuda o persona desaparecida. Terminada la guerra, fui a buscarla a Madrid y a Teruel sin encontrarla hasta después que se terminó la contienda. Después de esto comenzamos como en el primer día; el jefe me volvió a llamar y regresamos a Madrid. Trabajamos bien, mi esposa me ayudó con las entregas, ganando algún dinero cuando podía y al mismo tiempo haciendo sus labores del hogar.
De esta forma continuamos hasta el año 1950 cuando la compañía del reparto de leche empezó a declinar debido al hecho de que mi jefe ya tenía 60 años y además se casó con una joven de 27 y permitió que el negocio se viniera cuesta abajo.
Nosotros en el año 1953 regresamos al Pueblo, trabajando en la agricultura, que a mí me encantaba y que ahora, teniendo buen tiempo para la cosecha se vivía bien porque ya había todas las comodidades. Esto ya no era el Pueblo que dejé en los días de mi juventud sino un pueblo con más cultura y que recibe a todos los que nos visitan como si fuéramos de la misma familia Esta es mi pequeña historia.
Adios y hasta siempre.

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