EL LATIR DE UN PUEBLO

Manuel Fraga envió en los años 60 el aparato que inauguró en Carrizal de Luna (León) el primer teleclub de la zona, que mantiene una intensa actividad de ocio y convivencia.

Por Elena F. Gordón/ ILEON.com

Bar, discoteca, restaurante, biblioteca, salón social… “Esto es todo y aquí se hace de todo”. Así resume Urcisino Díez la esencia del teleclub, un espacio mucho más concurrido de lo que cabría imaginar en un pueblo con una treintena de habitantes censados. “Antes había más gente, igual hubo 50 y ahora somos 20 y pico. En verano, más, pero en noviembre se marchan y hasta abril no los ves”, afirma el ex pedáneo de Carrizal, ex concejal del municipio al que pertenece la localidad, Soto y Amío, y encargado de turno del local, por todos conocido como Sino. Nadie mejor que él para resumir la historia de este recinto cuya actividad y afluencia de público -llegado también de otros pueblos y otras comarcas- sorprende.

El teleclub nació después de que una maestra de la localidad de Garaño sugiriese a los vecinos solicitar un televisor al entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga. “Nos dio la dirección y le escribió un fraile que murió el año pasado, que estaba en Brasil y venía aquí de vacaciones, Laurentino Álvarez Díez. Era la época en la que se fundaron”, recuerda Sino. La carta surtió efecto y Carrizal de Luna estrenó en los años 60 el primer teleclub del entorno.

“No había ni una tele en las casas. Fue la primera del pueblo y de toda la zona. Nos contestó la carta diciendo que sí, que nos la concedían y tuvimos que ir a León a recogerla y la trajeron en el coche de línea”, relata como si hubiera ocurrido ayer mismo. El teleclub se abrió en el espacio que ocupaba la escuela ya cerrada del pueblo, de la que conserva algunos mapas y libros. “Los últimos que estudiaron en ella ya tienen hoy 65 o 66 años”, puntualiza.

Una revolución en el pueblo

La llegada de la televisión supuso una lógica revolución. “El día que había toros venían aquí los de otros pueblos para ver las corridas. Los toros, el fútbol y la Semana Santa, lo que más”, subraya y matiza… “¡Cuidado, que las mujeres rezaban aquí y todo y nos reíamos a lo grande”. “Aquí justo era la vivienda de la maestra y estaba todo medio caído, teníamos una mesa y cuatro gaseosas y coca colas y era donde nos reuníamos y nos juntábamos”, explica. El teleclub funcionaba ya entonces por turnos, como ahora y cada 15 días un vecino se hace cargo de atender a la variada clientela del local. “La diferencia es que antes éramos muchos para hacernos cargo de esto y ahora sólo cinco. No hacemos cuentas ni nada… y los precios son de saldo, esto es nada más que cambiar el dinero pero como no tenemos más gasto que la luz…”.

Un ‘After Hour’ rural

Una estufa-bidón calienta una de las estancias, amueblada “de esa manera… el alcalde nos dio sillas que quitó él” y donde un día lució el aparato llegado de la capital de España hoy contemplan una gran pantalla de plasma de última generación. Un armario alberga numerosos libros, “algunos de la escuela y algunos que mandaban; hay gente que sí los lee y otros ni los miran”. El teleclub tiene horario nocturno. En verano abre sobre las 11 hasta la una y media aproximadamente, “y ahora en invierno, a las diez o diez y media y normalmente hasta las dos, como poco, no marchan de aquí. Echan unas partidas y el tiempo se va”.

De hecho, dos de los asiduos más veteranos, Perfecto Álvarez y Arsenio Fernández, reconocen que muchas noches, “nos dan aquí las tres y pico o las cuatro de la mañana”. A sus 81 y 78 años, respectivamente, disfrutan como los que más de la compañía y del ambiente. “Hay que mirar por los pueblos pequeños”, defienden mientras aseguran que el teleclub “todos son bienvenidos”. Los cuatro chavales del pueblo y los que llegan de fuera también allí un espacio de convivencia. “Los niños a diario no vienen porque tienen que madrugar pero los fines de semana sí”, dice Sino. Preguntado sobre que es lo que más le gusta del teleclub, responde Raúl, uno de los pequeños: “Concretamente, todo”.

La caza, denominador común

Hoy toca cena y el teleclub está lleno. Una hembra de jabalí cazada hace unos días protagoniza el menú de patatas, carne guisada y tarta de queso que completan con vino, café, pastas y orujo y una copa. Por todo ello pagan un precio casi simbólico que sirve para cubrir gastos. Las cocineras y camareras son un grupo de mujeres que dedican toda la tarde a preparar los alimentos y que de forma voluntaria se encargan de atender a los comensales. Ellas cenan después, mientras el resto calienta motores con el primer ‘cubata’. Después, para quien quiera, hay baile y lo que cada uno aguante.

En torno a la mesa se juntan 40 y pico personas y han llegado a estar, comentan, hasta 60. La frecuente y tradicional presencia de cazadores de la zona propicia estos encuentros sociales y gastronómicos a los que acude gente que se desplaza unos cuantos kilómetros para encontrar en un apartado y pequeño pueblo una ‘marcha’ que para sí quisieran muchos bastante más grandes y poblados. La caza es la especialidad de la casa pero nadie desprecia una paella, un cordero o un pulpo en estas reuniones en las que se extiende a los llegados de fuera -habituales o casuales- el clima de convivencia que propicia el recinto.

“Todos nos entendemos y procuramos colaborar un poco”, señala una de las cocineras. “Los fines de semana hacemos cenas aquí y viene gente conocida de otros pueblos. Hay buen rollo. Vienen hasta de León y de todos los alrededores”, explica una de las comensales. “Es un ambiente muy familiar. Aquí puedes hacer lo que tú quieras. Yo llevo viniendo 17 años”, señala otra a la que le sigue una tercera: “Yo llevo 27 años viniendo. Ahora está mucho mejor. Me acuerdo que mi suegra me contaba cuando traían cada uno platos de casa y cubiertos y todo y no tenían agua”.

También tiene recuerdos vinculados al teleclub desde hace décadas el alcalde del municipio, Miguel Ángel González Robla. “Ya iba de chaval y jugábamos a las siete y media. Allí la gente se entera de todo lo que pasa por la zona y lo comenta. Es como un pequeño parlamento con un ambiente muy distendido, donde todos se conocen, sean de donde sean”. El Ayuntamiento ha hecho distintas aportaciones de mobiliario y electrodomésticos. Estamos para atender a los vecinos”, señala mientras comparte mesa con el pedáneo de Carrizal, Eloy Álvarez, los habituales y algunos invitados. En el propio municipio hay otro teleclub y varios más en la provincia pero todos coinciden en que la afluencia, el ambiente y la actividad de este es superior a la habitual.

El espíritu de este teleclub lo concreta Sino: “Lo mejor es la unión y que nos vemos. Si no, nos tendríamos que saludar los que vamos a misa. Los jubilados andan por ahí, el resto a trabajar y todas las noches nos juntamos aquí. En pocos pueblos habrá tanta convivencia. Todo Dios se habla, con unos más que con otros, pero todos”, sentencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s