FOTOS PARA EL RECUERDO. AÑOS 80

Alla por los años 80

RECUERDOS DE LEON, EN FORMATO DIGITAL

Recuerdos de León, en formato digital

La Fototeca Municipal desvelará en Internet sus casi 6.000 imágenes / Del incendio de la catedral a la huelga de hambre de Morano, el archivo reclama más fondos

Luis V. Huerga / @luisvhuerga 19/01/2014 Fuente: Leonoticias.com

El proyecto para documentar, catalogar y conservar las casi 6.000 imágenes que guarda la Fototeca Municipal de León, dependiente del Ayuntamiento, se inició en el año 2004. Un arduo trabajo que comenzó a tomar forma en 2007 y que pretende culminarse antes de 2015 con importante proyecto que permitirá compartir con todos los leoneses e, incluso, extender fuera de las fronteras la historia de León a través de sus fotografías.

Antes de que finalice el actual mandato municipal se pretende que en la página web del Ayuntamiento de León se pueda contemplar y consultar el fondo fotográfico de la ciudad de León. Imágenes que abarcan desde finales del siglo XIX hasta los últimos actos que se han celebrado en la capital en estos últimos meses.

Germán Gracia y su hijo Pepe, éste último más conocido, fueron los pioneros y obra suya son las fotografías más antiguas. Pero también se guarda con mimo en la fototeca las imágenes que cedió en su momento el Ejército del Aire. En los años 30, la unidad asentada en la base aérea de La Virgen del Camino tomó imágenes aéreas de la ciudad, que permiten ahora ver el contraste de los cambios urbanos con el paso del tiempo.

Germán Gracia, en un autorretrato tomado en algún año de la década de los 80 del siglo XIX.

Carruajes por una plaza de Santo Domingo sin plaza

Fotografías que relatan cómo ha ido creciendo la ciudad y que muestran un Paseo de Papalaguinda desierto o una calle de La Corredera sin ningún tipo de construcciones. Las visitas del general Franco a León, el caso urbano con colapso de carruajes, edificios singulares que ya no existen, una plaza de Santo Domingo sin plaza o la celebración de las fiestas tradicionales.

Pero también sucesos relevantes como la llegada de la democracia, la huelga de hambre del alcalde Juan Morano, la incipiente carrera política de un tal José Luis Rodríguez Zapatero o la llegada a las instituciones de la Unión del Pueblo Leonés como fuerza política.

La plaza de Santo Domingo, sin plaza, con el tendido eléctrico sobre las cabezas de los viandantes y el edificio de Pallarés al fondo, todavía en construcción, en una imagen de 1920.

El secreto de los baúles

Muchas de esas imágenes han llegado a la Fototeca Municipal a través de donaciones de particulares hasta llegar a lograr casi 6.000 fotos, organizadas en quince colecciones. Pero no son todas. El responsable del archivo gráfico, el fotógrafo César Andrés, ha señalado que “en los baúles de las casas aún se guardan cantidades ingentes de material”.

El Ayuntamiento, a través de su fototeca, se compromete a que el propietario siga siendo el legítimo dueño, pero también a almacenar y conservar la historia fotográfica de la ciudad para que sea legado de todos los leoneses.

La catedral de León, tras la fuente de Neptuno, ahora ubicada en el parque de San Francisco, en una fotografía tomada por Germán Gracia en 1890.

La plaza del Conde Luna, con su empedrado original. Fotografía de Germán Gracia de 1895.

Uno de los primeros coches que tuvo la ciudad de León. Fotografía de Pepe Gracia, en un lugar sin identificar, en los años 20 del siglo XX.

Peregrinación a La Virgen del Camino en San Froilán, en una instantánea tomada por Pepe Gracia en 1925.

El edificio Roldán, en la plaza de Santo Domingo, haciendo esquina con la avenida Independencia. Fotografía de Pepe Gracia.

La plaza de Santo Domingo, con su trazado rectangular, en los años 50. Foto de Pepe Gracia.

Imagen aérea de la ciudad de León tomada por el Ejército del Aire, donde resalta la antigua ubicación de la plaza de toros.

Otra imagen del Ejército tomada desde el aire, que refleja en primer término la actual avenida Álvaro López Núñez.

Fotografía del Paseo de Papalaguinda, con el casino en construcción, en 1959.

Dos imágenes de la catedral tomadas desde el mismo ángulo y ambas anónimas y sin datar.

La Calle Ancha, con tráfico, en una fotografía anónima de los años 60.

La zona en la que actualmente se ubica la plaza de Santa Ana, en una imagen de los años 60.

La plaza de Botines, con el carruaje como medio de transporte estrella en la época de los años 50.

TALLAS EN MADERA. FROILAN

Aquí os dejamos dos de los últimos trabajos en madera de LAN, que aprovecha la ocasión para desear un Feliz Año 2014 a todos los vecinos del pueblo.

EL LATIR DE UN PUEBLO

Manuel Fraga envió en los años 60 el aparato que inauguró en Carrizal de Luna (León) el primer teleclub de la zona, que mantiene una intensa actividad de ocio y convivencia.

Por Elena F. Gordón/ ILEON.com

Bar, discoteca, restaurante, biblioteca, salón social… «Esto es todo y aquí se hace de todo». Así resume Urcisino Díez la esencia del teleclub, un espacio mucho más concurrido de lo que cabría imaginar en un pueblo con una treintena de habitantes censados. «Antes había más gente, igual hubo 50 y ahora somos 20 y pico. En verano, más, pero en noviembre se marchan y hasta abril no los ves», afirma el ex pedáneo de Carrizal, ex concejal del municipio al que pertenece la localidad, Soto y Amío, y encargado de turno del local, por todos conocido como Sino. Nadie mejor que él para resumir la historia de este recinto cuya actividad y afluencia de público -llegado también de otros pueblos y otras comarcas- sorprende.

El teleclub nació después de que una maestra de la localidad de Garaño sugiriese a los vecinos solicitar un televisor al entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga. «Nos dio la dirección y le escribió un fraile que murió el año pasado, que estaba en Brasil y venía aquí de vacaciones, Laurentino Álvarez Díez. Era la época en la que se fundaron», recuerda Sino. La carta surtió efecto y Carrizal de Luna estrenó en los años 60 el primer teleclub del entorno.

«No había ni una tele en las casas. Fue la primera del pueblo y de toda la zona. Nos contestó la carta diciendo que sí, que nos la concedían y tuvimos que ir a León a recogerla y la trajeron en el coche de línea», relata como si hubiera ocurrido ayer mismo. El teleclub se abrió en el espacio que ocupaba la escuela ya cerrada del pueblo, de la que conserva algunos mapas y libros. «Los últimos que estudiaron en ella ya tienen hoy 65 o 66 años», puntualiza.

Una revolución en el pueblo

La llegada de la televisión supuso una lógica revolución. «El día que había toros venían aquí los de otros pueblos para ver las corridas. Los toros, el fútbol y la Semana Santa, lo que más», subraya y matiza… «¡Cuidado, que las mujeres rezaban aquí y todo y nos reíamos a lo grande». «Aquí justo era la vivienda de la maestra y estaba todo medio caído, teníamos una mesa y cuatro gaseosas y coca colas y era donde nos reuníamos y nos juntábamos», explica. El teleclub funcionaba ya entonces por turnos, como ahora y cada 15 días un vecino se hace cargo de atender a la variada clientela del local. «La diferencia es que antes éramos muchos para hacernos cargo de esto y ahora sólo cinco. No hacemos cuentas ni nada… y los precios son de saldo, esto es nada más que cambiar el dinero pero como no tenemos más gasto que la luz…».

Un ‘After Hour’ rural

Una estufa-bidón calienta una de las estancias, amueblada «de esa manera… el alcalde nos dio sillas que quitó él» y donde un día lució el aparato llegado de la capital de España hoy contemplan una gran pantalla de plasma de última generación. Un armario alberga numerosos libros, «algunos de la escuela y algunos que mandaban; hay gente que sí los lee y otros ni los miran». El teleclub tiene horario nocturno. En verano abre sobre las 11 hasta la una y media aproximadamente, «y ahora en invierno, a las diez o diez y media y normalmente hasta las dos, como poco, no marchan de aquí. Echan unas partidas y el tiempo se va».

De hecho, dos de los asiduos más veteranos, Perfecto Álvarez y Arsenio Fernández, reconocen que muchas noches, «nos dan aquí las tres y pico o las cuatro de la mañana». A sus 81 y 78 años, respectivamente, disfrutan como los que más de la compañía y del ambiente. «Hay que mirar por los pueblos pequeños», defienden mientras aseguran que el teleclub «todos son bienvenidos». Los cuatro chavales del pueblo y los que llegan de fuera también allí un espacio de convivencia. «Los niños a diario no vienen porque tienen que madrugar pero los fines de semana sí», dice Sino. Preguntado sobre que es lo que más le gusta del teleclub, responde Raúl, uno de los pequeños: «Concretamente, todo».

La caza, denominador común

Hoy toca cena y el teleclub está lleno. Una hembra de jabalí cazada hace unos días protagoniza el menú de patatas, carne guisada y tarta de queso que completan con vino, café, pastas y orujo y una copa. Por todo ello pagan un precio casi simbólico que sirve para cubrir gastos. Las cocineras y camareras son un grupo de mujeres que dedican toda la tarde a preparar los alimentos y que de forma voluntaria se encargan de atender a los comensales. Ellas cenan después, mientras el resto calienta motores con el primer ‘cubata’. Después, para quien quiera, hay baile y lo que cada uno aguante.

En torno a la mesa se juntan 40 y pico personas y han llegado a estar, comentan, hasta 60. La frecuente y tradicional presencia de cazadores de la zona propicia estos encuentros sociales y gastronómicos a los que acude gente que se desplaza unos cuantos kilómetros para encontrar en un apartado y pequeño pueblo una ‘marcha’ que para sí quisieran muchos bastante más grandes y poblados. La caza es la especialidad de la casa pero nadie desprecia una paella, un cordero o un pulpo en estas reuniones en las que se extiende a los llegados de fuera -habituales o casuales- el clima de convivencia que propicia el recinto.

«Todos nos entendemos y procuramos colaborar un poco», señala una de las cocineras. «Los fines de semana hacemos cenas aquí y viene gente conocida de otros pueblos. Hay buen rollo. Vienen hasta de León y de todos los alrededores», explica una de las comensales. «Es un ambiente muy familiar. Aquí puedes hacer lo que tú quieras. Yo llevo viniendo 17 años», señala otra a la que le sigue una tercera: «Yo llevo 27 años viniendo. Ahora está mucho mejor. Me acuerdo que mi suegra me contaba cuando traían cada uno platos de casa y cubiertos y todo y no tenían agua».

También tiene recuerdos vinculados al teleclub desde hace décadas el alcalde del municipio, Miguel Ángel González Robla. «Ya iba de chaval y jugábamos a las siete y media. Allí la gente se entera de todo lo que pasa por la zona y lo comenta. Es como un pequeño parlamento con un ambiente muy distendido, donde todos se conocen, sean de donde sean». El Ayuntamiento ha hecho distintas aportaciones de mobiliario y electrodomésticos. Estamos para atender a los vecinos», señala mientras comparte mesa con el pedáneo de Carrizal, Eloy Álvarez, los habituales y algunos invitados. En el propio municipio hay otro teleclub y varios más en la provincia pero todos coinciden en que la afluencia, el ambiente y la actividad de este es superior a la habitual.

El espíritu de este teleclub lo concreta Sino: «Lo mejor es la unión y que nos vemos. Si no, nos tendríamos que saludar los que vamos a misa. Los jubilados andan por ahí, el resto a trabajar y todas las noches nos juntamos aquí. En pocos pueblos habrá tanta convivencia. Todo Dios se habla, con unos más que con otros, pero todos», sentencia.