ROSTROS DEL PUEBLO VII AÑO 1992

Rostros e imágenes del pueblo. Año 1992. Fotos de: Ruth Behar

LA HISTORIA DE MARIA RIVERO MORAN

Esta es la historia publicada en el libro de Ruth Behar de María Rivero Morán.

LA HISTORIA DE MARIA RIVERO MORAN
(Santa María del Condado 3 de Septiembre de 1984)

Mi nombre es María Ribero Morán. Nací en VillaSeca de Laciana el 26 de Mayo de 1921. Desde ese día hasta hoy han pasado 63 años, tres meses y unos cuantos días que han sido mi calvario. Tuve una hermana mayor que murió antes de haber nacido yo; después mi madre tuvo otro embarazo junto a la enfermedad que tenía, y murió con la niña en sus brazos; yo quedé con año y medio de edad con mi padre y una tía muda que ayudaba a cuidarnos tanto a mi padre como a mí.
Después de muerta mi madre, mi padre nos llevó a Santa María y para ganarse el pan se hizo pastor de la vacada ( el rebaño de terneras y vacas sin herrar del Pueblo). Todo el día estaba en los bosques y valles y mi tía me llevaba con ella para llevarle su comida al monte.
Durante el verano el ganado no paraba porque le picaba mucho las moscas, las terneras se escondían entre los árboles y matorrales y no salían de entre ellos; a los mas guerreros les ponían cencerros para saber donde se encontraban y así poder cuidarlos más fácilmente porque parecían salvajes y mi tía me tenía que llevar en brazos, luego me dejaba corretear con los becerros y poderlos acariciar.
Un buen día empecé a seguir por un sendero, entre el trigo de una finca, entre carrascos y mucha maleza; me había perdido, y después de buscarme largo rato no me encontraron, y comenzó a anochecer; finalmente y por casualidad me encontraron en Los Álamos gracias a Dios antes de que se echara la noche encima, de lo contrario tendría que pasarla en el monte, y quien sabe lo que podía haber pasado con tantos peligros de todo tipo y no descartando el lobo que hace sus correrías por esos contornos. A mi padre después de estar un año con la vacada, se la quitaron por envidia, y tuvimos que ir a Barrillos. Mi padre se casó de nuevo y tuvieron un hijo después de nueve meses que murió por darle ella el pecho, su leche no debía estar en buenas condicione para amamantarlo; y el día del aniversario de su compromiso matrimonial, mi madrastra como la llaman aquí murió.
Durante el tiempo que vivió mi madrastra y media hermana que tenía, y que estaba con su padre y un hermano de esta, que se llamaba Evaristo, vi que ella me quería pero las otras dos brujas no podían verme.
Esta Belarmina, ( la media hermana de la madrastra) me hizo mucho daño pellizcándome y algunas veces se quedaba con un pedacito de carne en su mano y la abuela me cogía bajo su brazo y me decía que me iba a echar a los puercos o gochos como aquí los llaman, yo me asustaba tanto que algunas veces me quedaba inconsciente.
Mi padre cuando llegaba y me veía en ese estado, tenía que darla una purga a su esposa y también sufría muchísimo viéndome. Otro día caí en la fuente del Pueblo, que estaba en un prado y una buena mujer me sacó. El cántaro del agua que llevaba pesaba más que yo y cuando llegué a casa me envolví en una falda y me metieron a la cama porque estaba helada de frío. Mi padre me demostraba su cariño frente a ellas, decía que me quería más que a su mujer y ambos padre e hija sufríamos mucho.
Mi padre se quedó allí otro año y después regresamos nuevamente a Castro y allí permanecimos otros 6 años. Mi tía arrendó una casa e iría allí muy temprano, a las tres de la mañana y mi padre iba con los terneros. A mí me dejaban en la cama con un huevo frito para desayunar y cerraban la puerta para que no saliera y me perdiera, pero yo saltaba por la ventana e iba donde yo quería ir ( por un rato), a los Álamos, por temor que me pegaran las brujas.
Los niños me hacían compañía y me cuidaban, yo hacía todo esto sin que mi padre lo viera. Cuando él regresaba, se lo contaban inocentemente los niños, él se enfadaba pero no había nada que hacer. Cuando era un poquito más grande iba a apañar ( cortar con la hoz) por un terreno que compró mi padre y que pagó 14 duros; después de un año lo vendió y le dieron 64 que no estuvo mal. De tanto cargar los sacos de hierba a cuestas, quedé mutilada, yo ponía mi mano en el costado de mi lado izquierdo y mis riñones se resintieron y enfermaron. Mi padre me llevó a León a una señora que llamaban La Portuguesa que era una mujer que arreglaba los huesos; me tuvo que llevar tres o cuatro veces, porque mis huesos eran muy débiles aún ya que tenía solo 10 años y se rompían fácilmente con el peso de los sacos. Mi padre regresaba a las 10 en punto de la mañana y se iría otra vez a las tres de la tarde hasta el anochecer. Por la tarde le llevaba yo su comida sobre las cinco que consistía en 1 pequeña lata de sardinas, 1 cuartillo de vino y 1 trozo de pan para los dos.
Mi tía nos daba alimento para el día y después regresábamos a Santa María y luego íbamos a Castro todos los días a dormir.
Durante el verano mi padre salía de casa a las dos y medio de la mañana, salía con el ganado y volvía a las 10 en punto para dejar echar una siesta a las ovejas en Castro. Después a las 3 de la tarde de nuevo salía para Santa María, tocaría las campanas y saldría de nuevo con el ganado; esto se repetía todos los días, durante el verano; en el verano saldría por la mañana y no regresaría hasta el anochecer.
Mi padre compra una vaca y formó equipo con un vecino. Yo tenía que ir a arar y hacer más de lo que podía ayudando con la vacada en el monte y por la tarde ir a esperarlo para ayudarle a traer el ganado.
Durante el verano había muchas tormentas; un día tuvimos una en las Cruces y tuvimos que regresar a través del sembrado pues estaba granizando a más no poder; el frío me llegaba hasta los huesos y me calaba de agua. Yo seguía creciendo. A los 14 años tuve novio y me casé a los 16 y medio y un año más tarde mi esposo Eliseo que ese era su nombre enfermó. Después de un año de casados tuvimos a Andrés, nuestro primer hijo y estuve trabajando muy enferma durante tres días y mis pechos estaban muy mal por no guardar reposo y se llegaron a abrir, me tuvieron que dar de comer a la boca; después de todo esto, a los 4 meses muere mi hijo Andrés y luego llega Luis y después de dos años más, viene una niña que llama Valentina.
Nosotros estuvimos casados 8 años pero ya en el séptimo enfermó, le operaron del estómago y mi marido salió bien de la operación, pero hubo una calumnia en contra nuestra, según la cual él había robado 3 heminas de trigo de algunos primos; vino la Guardia Civil, le golpearon a él y a mi padre, le pusieron las esposas las cuales dejaron sus marcas en sus manos durante toda su vida. El se sintió tan desilusionado que este dolor y pena acabaron con él. Yo estaba muy enferma cuando nació Valentina y al ver llegar a los guardias me sentí fatal ¿ Qué pasaría si mi niña bebiera mi leche cuando estaba en este estado? ¿ Moriría también?. Tuve que hacer de tripas corazón y aguantar; los guardias estaban en el portal y yo con la niña en brazos y enferma. Quisieron los guardias llevarse a Eliseo y a mi padre a la cárcel y todo por un malentendido; yo me sobrepuse pero mi marido no pudo y como dijimos anteriormente de pena murió.
Me quedé con mi padre y los niños tres años más como viuda y todo el peso de la casa sobre mí, los niños eran muy pequeños y mi padre por la edad muy enfermo. El se iba aún con la vacada, yo a cosechar trigo, cortar heno, leña, arrancar maleza, urces, etc. para vender todo lo que pudiera y conseguir algo para comer.
Una vez yendo cuesta abajo por un valle que va desde Represa a Villanueva, cargado con leña y varas para vender, al dar una vuelta en el camino se rompió el yugo por la mitad y una vaca se quedó con toda la carga y el mismo peso la tiró al suelo quedando medio colgada; el mundo parecía que se me venía encima. Mi prima Isolina estaba con migo y en esto vimos a otras dos personas que venían por el camino. Viéndonos tan jóvenes y en tales apuros, sintieron compasión de nosotras y nos consolaron diciéndome que ellos quitarían el yugo de sus vacas lo pondrían en las mías y que así yo podría continuar mi camino; tomaron el yugo roto en sus hombros y sus vacas y se fueron, eran dos vecinos de Represa a los que siempre estaré agradecida y los llamaban los cuberos. Pero no acaban aquí todas las peripecias ya un poco después, como a unos 200 metros más allá había un canal y fue horrible; la única cosa que quedó fue la barra del carro. Las vacas con el enorme yugo se asustaron y toda la carga cayó sobre sus espaldas y fueron levantadas por sus cabezas; pensé en estos momentos no sé cuantas cosas y desde luego que esto no acabaría felizmente como sería mi deseo pero vi un hombre venir con su yunta y me ayudó.
Por fin salimos a la carretera de Moral, ya había caído la noche y dormimos en una posada en Santibáñez como Dios nos dio a entender metidas en un pesebre de un metro de ancho y poco más de largo; Isolina y yo, ambas teníamos que estar en la misma dirección, sino no hubiéramos podido dormir si a esto se le puede llamar dormir. Al siguiente día fuimos al Puente Villarente pues yo ya había vendido y apalabrado entregar mi carga. Puedo asegurar que descansé volviendo a Santa María.
Después de muerto mi esposo, me fue a las minas a trabajar como descargadora de carbón, estuve allí dos meses pero el jefe quería buscar algo más de mí y tuve que regresar a Santa María, yendo a trabajar a la carretera, recogiendo piedras y tuve que dejar este trabajo por razones similares. Después de tres años me casé con Virgilio, él es hermano de mi primer marido y tuvimos un hijo que se llamó José Antonio; cuando Luis estaba creciendo él y su padre no se llevaban bien, el padre le mandaba y no sabía si obedecer o no; yo le decía a Virgilio que le dijera él también que fuera donde le mandaba su padre, pero este decía que él iba donde quisiera. Por supuesto yo sabía donde teníamos que ir y era que teníamos que ir todos juntos donde se necesitase. Si el niño decía vamos a tal sitio el padre decía que fueran ellos. En otras palabras me daba cuenta de cómo iban las cosas y entonces decidí ir a Ciñera, donde yo tenía primos. Estaba muy emocionada con el viaje. Su padre fue primero a las minas, estuvo ahí tres días y regresó al Pueblo y de esta forma pasamos un año hasta que un día haciendo cuentas, cada vez estábamos peores. Me pidió un día que si podía buscarle trabajo y fui. Luis entró a la mina y mi esposo en la construcción. Yo no quería estar separado de mis niños o de mi esposo así que encontré trabajo para todos.
Después Valentina y José A., nos fuimos porque mi padre había muerto. Después de un año enfermé, tuve muchas complicaciones, después me operaron de apéndice y cuando aún era pequeña noté un tumor en el lado derecho que se iba agrandando y desde que tuve a Valentina he sufrido mucho de cólicos, estos tan seguidos que terminaban en ataques y durante dos o más días estaba muy mal. Trataba de cuidar a los niños pero cada día me ponía peor hasta que ya no pude soportarlo y en Septiembre de 1978 me operaron dos veces, el siguiente me volvieron a operar en Octubre una vez más en el apéndice umbilical.
Hoy estoy tomando un montón de medicinas, las tomo para mi circulación y presión, para el colon que me ayuden a la digestión, para mis nervios y dos cucharadas de jarabe a la hora de ir a dormir y dice el médico que así debe de ser hasta que muera.
Esto es lo que recuerdo aunque hay más cosas que se me han olvidado porque he perdido ya mucha memoria.
En la actualidad tengo tres hijos, dos hijos y una hija, dos nueras y un yerno, cinco nietos y tres nietas y todos maravillosos, que valen lo que yo he sufrido; todos me quieren y también a mi esposo. Han pasado 20 años desde que mi esposo sufrió una trombosis pero está saliendo adelante y desde ese tiempo tiene una pensión y yo doy gracias a Dios por permitirme escribir estas cosas. Me alegraría que a alguien le sirvieran de algo en sus dificultades estos reveses de la vida
Para todos, un saludo.

ROSTROS DEL PUEBLO VI

Fotos cedidas por: Ruth Behar

ROSTROS DEL PUEBLO V

Fotos cedidad por: Adonino Mirantes

LEONARDO MIRANTES RODRIGUEZ

Extraída del libro de Ruth Behar.

LA VIDA DE LEONARDO MIRANTES RODRIGUEZ

Una corta historia de un granjero del Pueblo:

Nació el 6 de Noviembre del año 1906, mi niñez pasó según nos cuenta, como la de todos los niños excepto que siendo yo el mayor de todos los 6 hermanos tenía mucho que hacer, especialmente el cuidar de ellos, por lo que mi niñez no fue nada feliz ya que al tener entre los 9 y 10 años, y todavía no bien desarrollado, ayudaba a mi padre en las labores de la granja, ya que mi madre cuando no estaba embarazada, cuidaba a los más pequeñitos y aún queriéndonos ayudar no lo podía hacer; por la misma razón perdí un montón de días de clase, pero gracias al maestro Don Quintín que nos daba clase de 6 a 8 por las tardes y por otra parte que yo tenía gran pasión por aprender a leer, contar y escribir fue saliendo adelante.
De esta forma pasé mi niñez y por el año 1920 cogí el azadón y fui por los pueblos de la ribera a ganarme la vida, ganando 5 o 6 reales al día y trabajando de sol a sol osea desde la salida del sol hasta la puesta del mismo; esto era en primavera, y en el invierno iba a los montes de Santa María a cortar urces con mi padre para llevar a los panaderos quienes esos días pagarían 1 real por cada haz; en la actualidad valen más de 36 pesetas pero nadie quiere ir a cortarlas
En esos años tuve que trabajar en la carretera que se estaba construyendo de León a Santander, en el tramo de Barrio a La Vecilla ; ahí trabajé 9 horas al día y me pagaron el mayor salario, que fueron 15 reales; otros recibieron menos 13 reales, yo me sentía muy feliz porque al final de la semana llevaba a casa casi 80 reales.
También solía ir a la Montaña a segar la hierba, a 30 kilómetros de aquí; allí nos pagaban 20 reales al día, con comida y bebida incluidas que era lo que más nos preocupaba; esto me sucedió por los años 1920 a 1927, en el año 1927 pensé en emigrar a Madrid en busca de trabajo con la ayuda de algunos parientes y de mi abuela. Es aquí donde empieza la parte más importante. Nunca había dejado el hogar y no sabía lo que era viajar en tren, mi padre me llevó a León y encargó a un primo suyo que me llevara a la estación y me diera instrucciones de cómo llegar a la de Madrid y cómo al llegar a Madrid . Me dijeron que al llegar a Madrid cogiera un taxi que me llevaría a la dirección que yo le diera pero yo no tenía ni idea de lo que era un chofer de un taxi así que no le cogí.
Llevaba unos chorizos en la maleta, que mi abuela mandaba a su pariente e iba yo con tal miedo que no soltaba la maleta de la mano. Llegué a Madrid y salí del tren con la maleta sin soltarla, como dije, no tomé un taxi porque no había viajado en ninguno y pensé que a lo mejor me llevaba a algún lugar desconocido; esto por haberme llenado la cabeza con tantos temores, pero sí tomé una calandria ( Tranvía) porque sentí que sería más seguro y de esta forma llegué a casa de mi jefe, quien lo sería por 26 años.
Aquí mi historia cambia y empieza una nueva vida para mí y que sería muchísimo mejor que la anterior.
En Madrid empecé trabajando como lechero, llevando la leche a las casas; es un trabajo muy duro para el que no sabe que es el verdadero trabajo y cómo trabajar pero para mí era coser y cantar; allí empecé a despertar al estar asociado con gente tan buena, especialmente mi jefe y compañero, quienes siempre me daban buenos consejos Nunca teníamos un día libre, ni siquiera los Domingos pero vivíamos muy tranquilos y en paz; hasta el año 1931 cuando se proclamó la Segunda República, entonces tuvimos más libertad , había menos trabajo.
Tuve una novia y entonces ya no me aburrí, en 1934 me casé con Ramona, la esposa que tengo hasta hoy gracias a Dios. Tuvimos un apartamento por 40 pesetas, y donde pasamos nuestra mejor luna de miel. Ganaba 7 pesetas con 65 céntimos al día y vivíamos muy felices; tuvimos un inquilino para dormir y arreglar su ropa por una peseta al día; pero aquí terminó nuestra felicidad porque el 18 de Julio de 1936 empezó la Guerra Civil Española y para nosotros terminó el trabajo ya que no había más leche que repartir. Después nos llevaron al frente como libres de milicia trabajando, en la Unión General de Trabajadores. Estuve en el frente en Madrid, Casa de Campo, Clínico y Villaverde y durante este tiempo regresaría con permiso para ver a mi esposa, pero en Mayo de 1938 fui al frente en Teruel; ahí lo pasamos mal pero lo bueno es que lo puedo contar ya que a algunos compañeros no los volveré a ver más pues murieron en el frente.
Terminé como prisionero aunque felizmente, porque me trajeron a León, a San Marcos (monasterio) que lo destinaron como campo de concentración, pero en 10 días ya estaba de regreso en la casa de mi padre en Santa María. De mi esposa no sabía nada ya que las dos zonas de rojos y nacionales habían sido cortadas hasta el final de la Guerra. Yo estuve en el Pueblo y ella en Valencia, con una hermana cobrando la pensión que se le dejó a ella como viuda o persona desaparecida. Terminada la guerra, fui a buscarla a Madrid y a Teruel sin encontrarla hasta después que se terminó la contienda. Después de esto comenzamos como en el primer día; el jefe me volvió a llamar y regresamos a Madrid. Trabajamos bien, mi esposa me ayudó con las entregas, ganando algún dinero cuando podía y al mismo tiempo haciendo sus labores del hogar.
De esta forma continuamos hasta el año 1950 cuando la compañía del reparto de leche empezó a declinar debido al hecho de que mi jefe ya tenía 60 años y además se casó con una joven de 27 y permitió que el negocio se viniera cuesta abajo.
Nosotros en el año 1953 regresamos al Pueblo, trabajando en la agricultura, que a mí me encantaba y que ahora, teniendo buen tiempo para la cosecha se vivía bien porque ya había todas las comodidades. Esto ya no era el Pueblo que dejé en los días de mi juventud sino un pueblo con más cultura y que recibe a todos los que nos visitan como si fuéramos de la misma familia Esta es mi pequeña historia.
Adios y hasta siempre.

ESTAMPAS DEL PUEBLO PARA EL RECUERDO

Diferentes lugares del pueblo. Fotos cedidas por: Ruth Behar

ROSTROS DEL PUEBLO IV

Rostros del Pueblo IV. Fotos recopiladas por: Adonino Mirantes

ROSTROS DEL PUEBLO III

Rostros del Pueblo III.  Fotos recopiladas por: Adonino Mirantes

DOCUMENTOS ANTIGUOS – SANTA MARIA DEL CONDADO

Gracias de nuevo a Ángel Carral ( nieto de Fuencisla ) nos llegan algunos documentos antiguos.

Puedes descargar el PDF con los documentos aquí: DOC_ANT1938.pdf